Diseñar, crear, es algo extraordinario. Dar forma a los sueños de otros es satisfactorio. Por ello la implicación en el proyecto es nuestra bandera.
Tras más de veinticinco años de profesión, muchos amigos han sido clientes y muchos clientes han acabado siendo amigos. También ha habido sinsabores en el camino que hemos utilizado para aprender.
Desde el año 2011 dedico parte de mi profesión, y de mi vida, a los yacimientos arqueológicos del Egipto faraónico, en los actuales Egipto y Sudán.
Año tras año acudo a ellos con cometidos profesionales muy alejados de mi trabajo convencional. Cubrir un templo, estudiar el acceso a una pirámide o proyectar un centro de visitantes son algunos de esos proyectos de ensueño.
A veces me cuesta saber dónde acaba mi profesión y dónde empieza mi vida. Pero no porque mi profesión lo invada todo, sino porque mi experiencia de vida se va apoderando de todo… todo se une. Mi formación como arquitecto y mi deseo de nuevas experiencias me abrieron las puertas de la arqueología, donde todo es una aventura. Esas intensas vivencias me despertaron otros caminos de creación y, el dibujo, el papel y el lápiz, pasaron a ser parte habitual de mi vida. Pero también la escritura, o esos encuentros con otras personas, en los que narras tus experiencias. Todo en mí ha derivado en la necesidad de experimentar y de sentir con intensidad. Una de las cosas más importantes que me llevé de mi tránsito por la carrera de arquitectura fue el despertar de un interés casi por todo. La oportunidad que posteriormente me brindó la vida para evolucionar de forma poco convencional, me llevó a sentir mi día a día como una aventura y a desarrollarme en campos diversos.
Muestro aquí el resultado de algunos de esos intereses, cultivados con ilusión. Algunos relacionados con la arquitectura, otros simplemente producto de la curiosidad. En cualquier proceso creativo incluso inmerso en la escritura, no puedo evitar representar en mi cabeza todos esos entornos que plasmo en mis relatos.